La economía nunca deja de sorprendernos, ¿verdad? En este artículo, vamos a analizar cómo la reciente cifra de inflación del 2,8% en diciembre de 2025 ha impactado en el valor del dólar mayorista y cómo el nuevo sistema de banda de flotación cambiaria está moldeando el futuro cambiario en Argentina. A medida que avanzamos, descubrirás cómo se ajustan las bandas, qué significa este cambio y cómo influye en las expectativas económicas. ¿Te has preguntado qué implicaciones tendrá todo esto para tu bolsillo? ¡Sigue leyendo!
El ajuste de la banda cambiaria en febrero
La reciente cifra publicada por el Indec indica que con un aumento del 2,8% en el Índice de Precios al Consumidor, la banda cambiaria experimentará un ajuste en febrero. Según las proyecciones oficiales y del mercado, el límite superior del dólar mayorista podría alcanzar entre $1.607 y $1.608. Este rango dependerá de cómo se realicen los redondeos, pero es un indicador claro de hacia dónde se dirige el tipo de cambio.
Por otro lado, el piso de intervención del Banco Central se establecerá alrededor de los $869. Esto crea un espacio considerable para que el tipo de cambio fluctúe sin que sea necesario que la entidad monetaria actúe de inmediato. La «zona de no intervención» se actualiza a diario, buscando siempre ajustar el tipo de cambio de acuerdo con la inflación de dos meses atrás.
Hasta finales de enero, los valores de referencia eran $914,78 para el límite inferior y $1.529,03 para el superior. Con el ajuste diario, se espera que estos números terminen en $894,10 y $1.563,51, respectivamente. Así, el nuevo techo de febrero estará cerca de $1.607-$1.608 por dólar.
De un ajuste fijo a la indexación por inflación
Desde abril de 2025, el sistema de bandas de flotación cambiaria ha intentado estabilizar el mercado. En ese momento, el dólar mayorista tenía un rango entre $1.000 y $1.400, con un ajuste mensual fijo del 1%. Sin embargo, este enfoque pronto mostró sus limitaciones, ya que la devaluación mensual se quedaba atrás respecto a la inflación.
Por ello, desde el 1 de enero de 2026, el Banco Central decidió que tanto el límite inferior como el superior se ajustarían conforme a la inflación oficial, aunque con un desfase de dos meses. Este cambio significa que el dólar ya no estará «atrapado» por debajo del ritmo de los precios, reflejando más adecuadamente la realidad económica.
El objetivo de esta modificación es reducir la probabilidad de movimientos abruptos en el tipo de cambio y evitar que el valor de la banda se quede rezagado. Sin embargo, algunos economistas han señalado que este nuevo enfoque podría aumentar la inercia inflacionaria.
Expectativas inflacionarias y proyecciones futuras
Los datos de diciembre no solo definen la banda para febrero; también son cruciales para ajustar las expectativas para el resto de 2026. Aunque el 2,8% es la segunda cifra más alta del año, el acumulado anual de 31,5% en 2025 fue el más bajo en ocho años, un hecho que el Gobierno ha resaltado.
De cara a marzo, el mercado está atento a las proyecciones del Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM). Según estas estimaciones, el techo de la banda podría alcanzar $1.639 a finales de marzo, dependiendo de la inflación de enero y del mecanismo de retraso.
La inflación se convierte en la variable clave para determinar el movimiento del dólar dentro de la banda. Un aumento en la inflación amplía el margen de la «zona de no intervención», mientras que una desaceleración podría reducir la velocidad de ajuste del tipo de cambio.
Intervención del Banco Central y acumulación de reservas
La nueva banda de flotación cambiaria también coincide con un programa ambicioso de acumulación de reservas que el Banco Central ha implementado desde enero de 2026. La estrategia consiste en comprar divisas cuando el dólar se mantiene dentro de la banda sin alterar significativamente su cotización.
Desde el inicio del año, el Banco Central ha registrado varias jornadas de compras netas, acumulando entre USD 270-330 millones en sus operaciones. Estos movimientos han fortalecido su posición en moneda extranjera, con reservas brutas que alcanzaron aproximadamente USD 44.768 millones.
El Gobierno espera que, si esta tendencia continúa, las adquisiciones de divisas en 2026 podrían variar entre USD 10.000 y USD 17.000 millones. Sin embargo, la efectividad de este plan dependerá de varios factores, como la balanza de pagos y la demanda de pesos en la economía.
Riesgos y beneficios del nuevo sistema
La decisión de indexar la banda de flotación cambiaria ha generado un debate entre economistas sobre los pros y contras de este sistema. Por un lado, se argumenta que evita una apreciación real excesiva del tipo de cambio y corrige desequilibrios acumulados. Además, la actualización se ha vuelto más transparente, lo que ayuda a anclar expectativas.
Sin embargo, también hay preocupaciones. Algunos analistas advierten que esta indexación puede incrementar la inercia inflacionaria, creando un ciclo donde la inflación pasada influye en el tipo de cambio futuro, afectando así el precio de bienes y servicios.
El Banco Central mantiene la capacidad de intervenir si detecta volatilidad excesiva en el mercado, incluso si el dólar se encuentra dentro de la zona de no intervención. Esto sugiere un enfoque equilibrado entre la necesidad de reglas claras y la flexibilidad para adaptarse a circunstancias imprevistas.
Con la banda de flotación cambiaria fijada por la inflación de diciembre, el mercado cambiario argentino entra en un período donde la dinámica de precios y la acumulación de reservas serán esenciales para evaluar la efectividad del nuevo esquema. La forma en que el dólar mayorista se comporte en las próximas semanas, junto con la respuesta de la demanda de pesos, determinará si este sistema logra su objetivo de ofrecer estabilidad sin generar nuevas presiones inflacionarias.